Se estudiará la factibilidad de extender la conexión de banda ancha a parajes a través de cooperativas de servicios públicos, entidades que hace años incursionaron en el negocio de las telecomunicaciones.

La expansión de la cobertura de Internet, acompañada de mejoras en la calidad del servicio, hasta ahora se limitó casi únicamente a grandes ciudades. La provisión de banda ancha rural se dificulta principalmente por la extensión territorial del país y la baja rentabilidad de cualquier inversión en tecnología fuera de las urbes mayores.

 

Ante esa realidad, el Programa de Telecomunicaciones Rurales de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (Unne) tiene en marcha una investigación para determinar condiciones de viabilidad para extender la conectividad a zonas rurales recurriendo al operador histórico más antiguo en las mismas, que son las cooperativas de servicios públicos, que desde hace varios años incursionaron en el negocio de las telecomunicaciones.

 

“Queremos examinar detalles de la factibilidad técnica, económica, institucional y jurídica de las cooperativas para adicionar servicios de banda ancha rural a sus respectivos portafolios de servicios en red”, señaló el director del grupo de investigación, Darío Goussal.
El equipo de trabajo, que funciona en el Departamento de Electricidad y Electrónica de la Facultad de Ingeniería de la Unne, dispone de una base de datos con más de 1.000 cooperativas de telecomunicaciones, electricidad, agua potable y otros servicios públicos de Argentina y Estados Unidos, con lo cual los resultados del estudio tendrían alcance nacional e internacional, aunque la prioridad será determinar las barreras y vías de expansión en la región NEA.

De las más de 600 cooperativas de servicios activas en el país, en la base de datos del Programa de Telecomunicaciones Rurales (PTR) sólo una treintena provee conectividad a abonados rurales, en su mayoría cubriendo sólo algún sector del área de concesión.

 

Goussal explica que el proyecto considera cooperativas clasificadas en cuatro tipos: las instituciones que ya prestan servicios de banda ancha rural, es decir fuera del área urbana de municipios; las que ya proveen, aunque todavía sólo en el área urbana; las que tienen áreas de concesión y clientes rurales de otros servicios pero aún no han lanzado ninguna oferta de servicios de banda ancha y, por último, otras cooperativas interesadas no comprendidas en los demás tipos.

 

Comentó que en primera instancia se aborda un estudio de base técnico-económico a nivel nacional, y una segunda fase se enfoca a la evaluación comparativa de los factores que favorecen o desfavorecen la adición del servicio de banda ancha al portafolio de negocios de una cooperativa típica de servicios públicos.

El plan de trabajo incluye la vinculación con entidades de la región para establecer las posibilidades reales de dichas instituciones de extender banda ancha rural en forma sustentable.

Además de los relevamientos en la zona rural, la infraestructura existente del servicio eléctrico y otras instalaciones, también se desarrollarán encuestas y entrevistas a usuarios rurales para determinar índices de demanda y adopción.

 

El panorama de las telecomunicaciones en el país y la región
Para las grandes compañías, el área rural no representa un mercado atractivo pues, aparte de la densidad poblacional, Argentina tiene una baja densidad de localidades, con mucha distancia promedio entre las mismas.

Darío Goussal explicó que en la región, Corrientes y Chaco tienen un municipio cada 1.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente. Como en el país sólo hay unas 3.200 áreas urbanas en un territorio tan extenso, la densidad geográfica de localidades es pequeña.
En provincias como Misiones las comunas tienen entre sí una proximidad media de 7 u 8 kilómetros, similar a países europeos. En cambio, un distrito como Santa Cruz sólo posee 27 municipios en sus casi 250.000 kilómetros cuadrados.

Las distancias tan largas entre poblaciones, en medio de las cuales sólo hay a veces habitantes rurales dispersos, históricamente desalentaron las inversiones tanto de las grandes prestatarias como del Estado, pues también es costosa la instalación de redes troncales y radiobases.
Europa no tuvo tanta dificultad para extender Internet a zonas rurales debido a la mayor proximidad entre áreas habitadas, existiendo infinidad de ciudades pequeñas y haciéndose más difusa la separación rural-urbana.
En cambio, algunos países extensos y predominantemente rurales, como Estados Unidos, ya en el siglo pasado apostaron a las cooperativas de usuarios como solución viable a la conectividad rural. En notable similitud con Argentina, las cooperativas norteamericanas fueron operadores de larga tradición rural y fuerte arraigo comunitario, con probada experiencia en servicios en red. Allí sin embargo, por distintos programas oficiales las cooperativas eléctricas y de telecomunicaciones siempre gozaron de amplio apoyo financiero estatal a las inversiones en infraestructura rural.

PERSPECTIVAS

Goussal reiteró que “buscamos determinar si es factible o no capitalizar los recursos de las cooperativas de servicios públicos y su presencia histórica para expandir rápidamente la banda ancha a las zonas rurales. Si bien el estudio piloto se efectúa en la región NEA, podría también revelar aspectos a nivel nacional e internacional”.
Sostuvo que la conectividad en las zonas rurales representará pronto una necesidad mayor para el campo debido a la inexorable diseminación de aplicaciones de la denominada Internet de las Cosas, es decir la comunicación entre sensores, maquinarias e instalaciones de la producción primaria. Ello incrementará las exigencias de cobertura geográfica en el campo para desarrollar actividades cotidianas de las personas y para atender eficientemente explotaciones del agro, el transporte y el control de variables del medio ambiente.