Una publicación de investigadores de diversas universidades y centros de investigación del país, entre ellas la UNNE, identificó las Áreas Prioritarias para Restauración Ecológica (APREs) en Argentina. Para la Mesopotamia las acciones de restauración son prioritarias en pastizales, mientras que los bosques y humedales requieren necesidades mixtas de conservación y rehabilitación. Se determinaron 22 áreas prioritarias de restauración para campos y malezales en la región.

 

Las tasas de degradación a nivel mundial continúan aumentando produciendo pérdida de biodiversidad y alterando, directa o indirectamente, el bienestar

humano. En la década del ´80 la restauración ecológica (RE) emerge para dar respuestas científicas, técnicas y/o sociales a estos problemas, convirtiéndose hoy en una prioridad mundial y proveyendo bases para revertir la tendencia.

“En Argentina, el 87% del territorio terrestre está degradado por usos antrópicos, por lo cual en nuestro país debería ser prioritario recuperar el patrimonio natural” según indica el trabajo “Áreas Prioritarias para Restauración Ecológica (APREs) en Argentina”, donde se plantean las bases para un Plan Nacional de Restauración Ecológica y se describe la situación de distintas regiones del país, entre ellas la Mesopotamia.

Fue realizada por especialistas del Dpto. de Ecología y Ciencias Ambientales (DECA)-CEBBAD, Universidad Maimónides; la Facultad de Ciencias Agrarias, Universidad Nacional de Jujuy; la Fundación Pro Yungas; el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable (MAyDS); IADIZA-CONICET, Mendoza; Parque Nacional El Palmar (APN), Entre Ríos; y el Consejo Nacional de

Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

También participó el Doctor José Luis Fontana, investigador de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y Agrimensura, de la Universidad Nacional del Nordeste.

El doctor Fontana, explicó que el trabajo plantea las bases para un Plan Nacional de Restauración Ecológica (RE) basado en cuatro ejes: científico-técnico, político-institucional, económico-productivo y sociocultural.

Se discuten resultados para diversas ecorregiones de Argentina y se analizan los factores determinantes, mayormente actividades agropecuarias y criterios de rentabilidad económica.

Perspectivas. Según se destaca en la publicación, a pesar del reconocimiento internacional de la crisis ambiental mundial en la década del ´60, las tasas de degradación de ecosistemas continúan aumentando medio siglo después asociadas al modelo de producción/consumo.

Entre 1967 y 2014, Argentina mostró un patrón similar al global: una correlación positiva entre el aumento del producto bruto interno per cápita y la generación de pasivos ambientales por sobrepastoreo, avance de la frontera agrícola, contaminación de cuerpos de agua, desmontes no controlados, expansiones urbanas, introducción de especies exóticas, y extracciones de minerales, petróleo y gas.

En Argentina, que adhiere a dichas iniciativas, el 87% del territorio terrestre/costero está alterado por usos antrópicos, y parte del 13% restante también está degradado incluyendo áreas naturales protegidas (ANPs).

La publicación resume asimismo los avances del proyecto APREs con énfasis en la problemática de las ecorregiones de Yungas, zonas áridas, y Mesopotamia.

MESOPOTAMIA

En el caso de las prioridades en ecorregiones de Mesopotamia, se explica que la región Mesopotamia es de gran relevancia económica, ecológica y política. Un 60% del territorio, que comparte fronteras con Brasil, Paraguay y Uruguay, es utilizado para ganadería, agricultura, y plantaciones.

Es la región con la mayor biodiversidad relativa de Argentina por contener un significativo gradiente ecorregional con una variedad de ecosistemas desde pastizales templados a bosques subtropicales, incluyendo humedales, bosques abiertos y ambientes ribereños.

Se indican que los intensos y extensos cambios en el uso de la tierra durante las décadas recientes (principalmente reemplazo de ambientes naturales por actividades agropecuarias comerciales) están agravando la pérdida de biodiversidad y la degradación de ecosistemas.

La provincia con mayor nivel de degradación es Entre Ríos, siendo la única donde la relación producción-conservación es inversa debido a que existe una alta proporción de áreas forestadas en ambientes de bajo-medio valor de conservación.

Misiones es la segunda provincia con mayor degradación ecológica.

En la ecorregión de Selva Paranaense la extracción selectiva de árboles con fines comerciales no sólo alteró la estructura original del ecosistema sino también sus funciones ecológicas.

En la provincia de Corrientes es el incremento sostenido de forestaciones y cultivos la principal amenaza a la conservación de pastizales mesófilos, incluso hidrófilos, que contienen hábitats para numerosas especies de aves y mamíferos bajo riesgo de extinción.

Los esfuerzos para conciliar intereses económicos con ambientales a través de acciones voluntarias de conservación, parecen ser insuficientes o lábiles y dependientes de contexto político.

A escala ecorregional, el Pastizal Pampeano es el más degradado de Mesopotamia (70% alto-muy alto) seguido por el Espinal (34%). Inversamente, la Selva Paranaense y el Delta del Paraná son las ecorregiones donde mejor se conserva la estructura regional del paisaje (47% y 60% baja-muy baja degradación, respectivamente).

La ecorregión más afectada por incremento de forestaciones es la de Campos y Malezales, la cual posee un nivel de protección extremadamente bajo (0,11%). Su fisonomía actual es consecuencia de un largo proceso de modificación de degradación del ambiente natural por ganadería desde tiempos prehispánicos, predominando actualmente agricultura y forestación.

Sin embargo, la estructura regional del paisaje aún presenta un grado relativamente aceptable de conservación pero las tendencias de cambios de cobertura/uso permiten inferir un impacto severo, particularmente en el Noreste de la ecorregión, de no mediar políticas ambientales efectivas.

Para esta ecorregión, campos y malezales, se determinaron 22 APREs. La mayoría se localiza en áreas donde se desarrolla ganadería extensiva y forestación con pino y eucalipto por lo que se considera necesario que el sector privado (empresas y propietarios individuales) retomen los compromisos voluntarios que mantuvieron durante más de una década e incluso acepten que las medidas de conservación, restauración y uso sustentable de los recursos naturales deben ser obligatorias, indispensable para revertir la tendencia de degradación.

Los Esteros del Iberá, históricamente conocidos como “Chaco húmedo correntino”, integran una de las eco-regiones que tiene proporcionalmente el mayor porcentaje de tierras bajo conservación: ANPs provinciales y nacionales. Sin embargo, más del 58% del paisaje presenta valores medios a muy altos de degradación.

Los Esteros del Iberá registran profundas modificaciones ambientales debido a una larga tradición de influencia humana que se remonta a la época prehispánica. Se acentuó con la llegada de los jesuitas y españoles quienes extendieron las superficies de los campos para pastoreo y las tierras de cultivo. Fuego, tala y ganadería fueron los factores más importantes desde entonces.

En el siglo XX se agregaron plantaciones de arroz, cítricos y árboles exóticos. En el siglo XXI las forestaciones son la actividad agroeconómica de mayor impulso. La ganadería es el factor preponderante histórico, especialmente por su actual reconversión hacia una cría intensiva con cultivo de especies forrajeras.

Actividades agrícolas y forestales se extienden a expensas de la pérdida de pajonales semi-naturales, de sitios parcialmente deprimidos con vegetación higrófila donde se asientan arroceras y, en menor medida, de la reducida superficie de bosques.

En la ecorregión de los Esteros del Iberá se considera prioritaria la restauración de bosques mesófilos de lomadas interiores y de bosques higrófilos que estuvieron bajo fuerte influencia ganadera en el pasado (Reserva San Cayetano), así como los bosques ribereños del Río Paraná también denominados “selva en galería”.

PROPUESTAS. El doctor Fontana explicó que para la Mesopotamia las acciones de restauración son prioritarias en pastizales, mientras que los bosques y humedales requieren necesidades mixtas: conservación y rehabilitación.

Sostuvo que se considera imperativo promulgar una Ley de Pastizales orientada a recuperar no solo el patrimonio natural, sino un ambiente emblemático de Argentina.

Comentó que para los especialistas que trabajaron en la publicación, “de no mediar políticas ambientales efectivas y medidas obligatorias de conservación, restauración y uso sustentable de los recursos naturales, no se podrá revertir la tendencia de degradación en Mesopotamia”.

Para finalizar, agregó que consideran que los compromisos voluntarios que el sector privado adoptó resultan hoy insuficientes, se prioriza la rentabilidad económica y se flexibilizan las exigencias ambientales.