La fundación Gates desafió a las universidades a crear un retrete «seco». Pero el resultado es de difícil aplicación en zonas vulnerables.

Bill Gates ha pensado que la clave para mejorar la salud mundial está en el baño. Su fundación (Bill & Melinda Gates) retó a todas las universidades a crear un inodoro que mejorara la higiene humana.

Este desafío estaba referido a las localizaciones urbanas y rurales carentes de servicio de agua.

Después de premiar 3 interesantes inodoros expuestos en la Feria generada por su fundación, denominada «Reinvent the toilet challenge», anunció una segunda ronda de subvenciones por un total de US$ 3.4 millones para organizaciones que trabajen para innovar retretes.

La intención fue extraordinaria. Es una suerte formidable que un millonario filántropo haya advertido lo que en mis investigaciones he venido señalando desde 1965 y que Rem Koolhaas pontificara en 2016, expresando: «No hay tratado arquitectónico que declare al toilette como el elemento primordial de la arquitectura, pero, sin embargo debiera ser el más importante».

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El inodoro es el principal instrumento para el mejoramiento de la salud mundial y la limitación de las pestes. Actualmente, en el mundo más de un un tercio de la población no tiene acceso al inodoro por carecer de agua y estructura de saneamiento. El 88% de las muertes por enfermedades diarreicas pueden atribuirse alagua insalubre y la falta de saneamiento; además es la segunda causa de muerte de niños menores de 5 años.

De esta experiencia científico-filantrópica, destinada a desarrollar un retrete que funcione sin agua, surgió el premiado inodoro denominado «Nano Membrane Toilet», ideado en la universidad inglesa de Cranfield.

Su funcionamiento suena en principio como simple. Cuando se acciona el botón la tasa del inodoro gira 270º y vuelca los desechos en un tanque inferior y una suerte de paleta raspadora lo limpia. Las nanofibras de ese recipiente inferior extraen el vapor de agua que se condensa y puede usarse para riego o limpieza. Los residuos sólidos se secan y se separan en una cámara trasera, con una bolsa hecha de nanopolímeros que contienen el olor y continúan el proceso de secado.

 

Como contraparte de esta ingeniosa invención, debieran señalarse sus presumibles complicaciones. Sucede que estas bolsas se desechan semanalmente y además debe limpiarse su entorno. Necesita también un servicio adicional semestral para recambiar algunas piezas. También es necesario cambiar la batería cada tanto: aunque se recarguen solarmente tienen un corto período de obsolescencia y su desecho es contaminante. Todo este proceso, en zonas pobres de difícil acceso, entiendo que más allá de su originalidad va a resultar de imposible práctica sustentable por su costo y su sofisticación tecnológica. Otras invenciones premiadas detentan problemas parecidos, muchos de ellos derivados de su profusión de mecanismos y materiales.

 

Hubo antecedentes de viejos diseños de inodoros que no prosperaron por la misma particularidad. Ya en 1590 un inventor inglés, John Harrington, protegido de la reina Elizabeth, ideó un mecanismo un tanto complicado en el cual un tímpano de cuero con estructura de madera aplicado a la letrina de mampostería obturaba el desagüe una vez desagotadas las deposiciones, pero, obviamente, la madera, el cuero quedaban sucios, por lo cual no era sanitariamente eficiente. Se construyeron dos, uno para el castillo de Hampton Court en Richmond y el otro para la reina, en Bath. Sólo el primero de ellos subsiste.

Ante la situación extraordinariamente auspiciosa, ya que mucho dinero se está aplicando a atacar el problema, me pregunto: ¿no sería economía mejor direccionada utilizar esos recursos a perfeccionar sistemas para conducir agua (no necesariamente potable) a las poblaciones que no la tienen? Este agua serviría también para la higiene corporal y la limpieza de las viviendas.

Por tales razones, entiendo que convendría enfocar los recursos económicos y la investigación y la acción a las menos sofisticadas tecnologías de la provisión de agua y el desarrollo del saneamiento.

Un inodoro convencional lo puede adquirir aún la gente pobre de localizaciones aisladas, pero de nada le serviría si no cuenta con la red a la que conectarse y la provisión de agua; servicios que sólo puede proporcionar la autoridad y que deben ser alentados y exigidos por las comunidades.

 

Sostengo que debe enfatizarse el saneamiento y el acceso al agua como un derecho humano, tan importante como el derecho a la vivienda, porque una casa sin agua ni saneamiento no es vivienda digna.

Bill Gates apuntó extraordinariamente bien al problema. No obstante, su puntería no impactó en el meollo, que no pasa por el digno y accesible inodoro, sino por la carencia de las innovaciones significativas sobre las tecnologías que abonen la posibilidad deredes cloacales (bombeo, desalinización, acueductos), que son temas de higiene pública sobre los que las sociedades debieran asumir su responsabilidad.

 

El autor es Arquitecto, Profesor Titular y Director Académico de la Maestría de Diseño avanzado, FADU-UBA

https://www.clarin.com/arq/diseno/inodoro-bill-gates-usa-agua-sustentable_0_B1pnjBsyX.html