la suma a devolver por capitales e intereses. La emisión de títulos a corto plazo concentró las obligaciones: los compromisos por casi U$S 200 mil millones hasta 2023 alimentan las dudas sobre lo que pasará cuando el FMI deje de mandar plata. La deuda pública ya alcanzó el 95,4% del total del PBI.

 

El año recién hizo su presentación en sociedad pero ya trae una factura bajo el brazo por 58.720 millones de dólares. Es la suma de los vencimientos de deuda pública que debe afrontar el Estado nacional, tanto en concepto de capital como de intereses, a lo largo de 2019. No se trata de un hecho aislado, sino del inicio de una cadena que requerirá la cancelación de compromisos por al menos u$s197.000 millones en apenas un lustro.

 

El número desvela al gobierno, que lo utiliza como caballito de batalla para justificar un ajuste que ya puso en marcha con el pedido de auxilio al Fondo Monetario Internacional y la promesa de eliminar el déficit fiscal durante el presente ejercicio. Y también preocupa a la oposición, que está calculando el tamaño de la mochila que heredará durante el próximo turno presidencial si logra su propósito de desbancar del poder a Cambiemos en las elecciones de octubre.

 

El peso de las obligaciones se potencia con el achicamiento de la actividad en los últimos meses, a partir de la brusca devaluación y la posterior recesión. En ese sentido, el informe trimestral de la Secretaría de Finanzas estimó que la deuda pública a fines de septiembre era de U$S 307.656 millones y alcanzaba el 95,4% del PBI; dicho en otras palabras, equivale a casi un año de producción de toda la economía nacional. El volumen no era tan grande desde 2004, antes de que el kirchnerismo hiciera su primer canje de los bonos defaulteados tras el estallido de la Convertibilidad.

 

La relación entre deuda y PBI es considerada por los analistas como la más apropiada para evaluar su magnitud relativa y las posibilidades de repago de esos créditos. En este caso puntual, la validez del indicador se vio afectada por la volatilidad de la situación, ya que el corte del estudio oficial coincide con el momento de cotización más alta del dólar, lo que abarataba la valuación de la producción local.

Por contrapartida, en ese total no fueron incluidos los títulos emitidos con posterioridad al 30 de septiembre ni tampoco los u$s13.200 millones que giró el FMI en dos tandas. Por eso, algunos centros privados, como la UMET (Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo), cree que hacia fin de diciembre la relación puede haber crecido hasta 105,5 por ciento.

 

La cuestión no deja demasiado tiempo para hacer planes. Ya en enero Hacienda deberá responder por dos títulos que emitió en reemplazo de las extinguidas Lebac del Banco Central: entre el 11 y 25 de enero vencen Letes por u$s2.011 millones, y el último día del mes hay que devolver $42.700 millones (más sus intereses) por las Lecap en pesos. Según el informe de Finanzas, los vencimientos de capital a lo largo del año totalizan U$S 44.866 millones, mientras que los intereses suman u$s13.854 millones. El 75% de esa suma corresponde a letras y títulos públicos, y el resto se divide en partes casi iguales entre préstamos de organismos oficiales y adelantos transitorios del BCRA.

 

Para hacer frente a la exigencia, en el gobierno apuestan a que los acreedores acepten refinanciar el 60% de esos títulos. Con ese porcentaje de «rollover», como lo llaman en la jerga, más los u$s22.600 millones que el Fondo se comprometió a aportar en cuatro cuotas (siempre y cuando se cumpla la meta de déficit cero y haya avances en las reformas laboral y previsional comprometidas), quedarían despejados los riesgos de una eventual cesación de pagos durante el último año de mandato de Mauricio Macri.

 

Esa combinación entre deuda exorbitante, vencimientos concentrados en muy poco tiempo y menores recursos para pagar es la que despierta dudas en los inversores sobre las posibilidades del país de hacer frente a sus compromisos en el mediano plazo. Para ello, tienen en cuenta que la ayuda del Fondo Monetario se irá diluyendo en el tiempo: desde diciembre las cuotas del préstamo se reducirán a u$s970 millones trimestrales y finalizarán a mediados de 2021. El tema preocupa incluso a economistas contemplativos con el gobierno, que aceptan el ajuste propuesto por las autoridades y justifican la cantidad de préstamos tomados en el exterior en los últimos años, pero a la vez admiten que el panorama es delicado.

 

«Antes de tocarle el timbre al FMI, Argentina tenía un déficit de 6 puntos del PBI. Esto pone en evidencia no sólo el despilfarro del kirchnerismo, sino también el fracaso del gradualismo. En lugar de hacer un ajuste más brusco, el gobierno tomó deuda por más de 80 mil millones de dólares en dos años y terminó por agotar su capacidad de endeudamiento», explicó Ramiro Castiñeira, economista jefe de la consultora Econométrica. «Argentina está arrinconada. Acomoda las cuentas públicas o se verá con el proceso inflacionario que desata un déficit fiscal de esta magnitud sin financiamiento. Está entre la espada y la pared», agregó.

 

«En general, los países desarrollados están en ese rango de deuda. El tema es que Argentina no es un país desarrollado, no cuenta con un sistema bancario con tamaño para autofinanciarse, como lo tienen Estados Unidos o Brasil, por ejemplo. Esto hace que estemos muy dependientes de los mercados internacionales», opinó Fausto Spotorno, de la consultora Orlando J. Ferreres y Asociados.

 

«No va a haber tanto problema en 2019 porque el gobierno está financiado con el FMI. La incertidumbre surge con respecto a 2020. La cuestión es si el mercado va a estar abierto nuevamente para absorber deuda argentina», se preguntó.

Para otros analistas, la responsabilidad del actual gobierno en la velocidad con que creció la deuda es mucho más marcada. «La velocidad de endeudamiento de Argentina en 2018 alcanzó niveles nunca antes vistos, lo que a su vez genera serias dudas sobre su sustentabilidad temporal», señaló la consultora Ficonomics, que estimó que durante el año el Tesoro tomó deuda bruta por u$s97.000 millones. «Parece preocupante no solamente el nivel de emisión de deuda, sino también la multiplicación de instrumentos, la mayoría de los cuales son de corto plazo, agregando otro ítem de preocupación inmediata por futuras necesidades de caja para cancelar los instrumentos generados», dice el estudio, según Tiempo Argentino.