Cinco días antes o después del 30 de agosto, día de la fiesta patronal de Santa Rosa de Lima, se desata una tormenta igual que aquella de 1615 que, tras los ruegos de la santa hoy patrona del Perú, detuvo un ataque pirata.

Rosa de Lima fue la primera mujer de América latina convertida en santa. Un primer plano de su rostro aparece en los billetes de 200 soles, los de mayor nominación en Perú. Hoy es probablemente uno de los santos latinoamericanos con más presencia en el ciberespacio. Tiene un perfil en todas las redes sociales: Facebook, Twitter, Instagram, YouTube y WhatsApp. Una verdadera santa 3.0.

La figura de Rosa fue tan importante para Perú que, tras su muerte, fue proclamada patrona de ese país, como así también del Nuevo Mundo y Filipinas, aunque todavía no había sido reconocida su santidad por la Santa Sede. En la Argentina, también tiene una presencia protagónica, ya que el Congreso de Tucumán de 1816 la nombró patrona jurada de la Independencia argentina. El promotor de esta iniciativa fue el congresista sanjuanino Fray Justo Santa María de Oro, que también tenía como intención la creación de un convento de religiosas dominicas y un colegio gratuito para niñas. Fue su sobrino, Domingo Faustino Sarmiento, quien materializó esta obra en San Juan y la llamó “Pensionado de Santa Rosa para Señoritas”. Este pensionado, del que Sarmiento fue director de estudios, se mantiene en pie y cumple 181 años.

Tradicionalmente, todos los 30 de agosto los devotos se acercan al Santuario de Santa Rosa, ubicado en la que era su casa natal en Perú. Allí se encuentra el famoso pozo de Santa Rosa, donde los fieles depositan cartas con sus deseos y pedidos. Rosa había arrojado en él la llave del candado de una cadenilla que se puso en la cintura a modo de silicio, para hacer penitencia como acostumbrada. Después de su muerte, le empezaron a atribuir milagros. Hasta la actualidad, millones de personas envían correspondencia esperando que su protectora les conceda los milagros.

Santa Rosa nació en Lima, Virreinato del Perú, el 20 de abril de 1586. Si bien su nombre fue Isabel Flores de Oliva, según el proceso canónico, de acuerdo con los testimonios de una criada india y de unas niñas que presenciaron el hecho, en un acontecimiento prodigioso su rostro se volvió una rosa. Desde ese fenómeno extraordinario, comenzaron a llamarla así.

La niña se recluía en espacios solitarios para meditar, ayunar y rezar. De acuerdo con las costumbres de la época, se infringía además penitencias corporales. Como refiere el teólogo Carlos Castillo Mattasoglio, la encargada de aplicarle las torturas era Mariana, una niña india que formaba parte de la servidumbre y era también la amiga y confidente de Rosa. Era ella quien ocultaba en secreto los instrumentos de mortificación de la carne.

Rosa experimentó en su cuerpo el mismo sufrimiento que padecían los indios cuando eran azotados, principalmente en la explotación del oro y la plataElla fue testigo de estos sucesos porque su padre era miembro de la guardia del virrey, en la que oficiaba de arcabucero. Posteriormente, la Iglesia prohibió estas prácticas, pero muchos santos las emplearon en vida.

¿Cómo nace el mito de la tormenta de Santa Rosa?

En 1615, en el puerto de Callao, en inmediaciones de la costa peruana, los barcos holandeses al mando de Joris Van Spilbergen, con piratas a bordo, estaban decididos a saquear las arcas del Virreinato del Perú. Al enterarse de que los buques se acercaban, Rosa se instaló en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario para suplicarle a la Virgen por la salvación de su pueblo, rogando que sobreviniera una tormenta que evitara el desembarco. Efectivamente, en el momento preciso, se desató una gran tormenta que impidió la invasión de los piratas holandeses.

Los fieles atribuyeron la tempestad a los ruegos de la joven, ya que en Callao había un microclima muy especial y era improbable que lloviera en aquella época. Que los limeños interpretaran este hecho natural como un milagro de Rosa fue determinante para la canonización que el papa Clemente X le concedió en 1671. A esto se sumó un hecho sobrenatural: que la santa hiciera llover rosas en su escritorio después de que el pontífice solicitara una prueba de su santidad.

Rosa falleció el 24 de agosto de 1617 por tuberculosis, por eso también es protectora de los tuberculosos. Después de fallecida, los devotos y conocidos fueron a su casa y se abalanzaron sobre su cuerpo para arrancarle la vestimenta como reliquia. En su entierro, tuvo que intervenir el ejército del virrey para impedir que fuera desvestida por algunos de ellos, y hasta tuvieron que cambiarle el hábito tres veces.

En 2019, varios investigadores de la Universidad de Buenos Aires se propusieron analizar el origen de la leyenda de la tormenta de Santa Rosa. Los resultados de esta investigación fueron publicados en el sitio web oficial de la UBA. Los expertos recurrieron a los archivos del Servicio Meteorológico Nacional y observaron que, entre 1906 y 2019, tan solo se desataron 9 tormentas sobre Buenos Aires el 30 de agosto. Pero, tal como expresa la publicación, “entre los 5 días anteriores, y los 5 posteriores, sí se han dado tormentas en el 54 por ciento de los casos en más de cien años, según el Observatorio Central de Buenos Aires”. El mito no estaría entonces tan alejado de la realidad.

Al ser consultada por la UBA, la profesora Paola Salio –investigadora del CONICET y del Centro de Investigaciones del Mar y de la Atmósfera–, explicó: “Se asocia con la tormenta de Santa Rosa a la primera lluvia fuerte de fines del invierno, e inicios de la primavera”. Y agregó: “Es la época en que arranca el flujo de humedad que llega desde el norte”. Según la investigadora, “se trata de un fenómeno conocido como Corriente de Chorro en Capas Bajas de Sudamérica, y consiste en una corriente de vientos que transporta la humedad del Océano Atlántico hacia el Amazonas, y de allí hacia el sur, bordeando la cordillera de los Andes”.

La investigación concluye afirmando que la tormenta de Santa Rosa “coincide con la llegada a la región de los primeros aires húmedos de la temporada post invernal, y lo mismo habrá ocurrido en 1615, coincidiendo con los rezos de Rosa y las mujeres de Lima”.

Mientras tanto, desde la central de alertas del Centro de Monitoreo Climático, se prevén intensas lluvias, ráfagas de viento y fuertes tormentas para algunas provincias del norte del país, Córdoba y Buenos Aires a partir del 29 de agosto. Los días subsiguientes también serán grises y lluviosos. Si se cumple el pronóstico, ¿se lo interpretará como una mera coincidencia o se reforzará, una vez más, el mito popular?