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Desaparecieron dos poblaciones de aves emblemáticas de los pastizales del Iberá

Los tordos amarillos y los yetapá de collar son Monumentos Naturales de la provincia de Corrientes.

“Hoy no sabemos qué fue de ellos”, aseguraron desde el portal Carambola, uno de los nueve ingresos al Parque Nacional Iberá. Dos poblaciones de tordos amarillos y yetapá de collar se perdieron de vista a causa de los incendios de su hábitat natural en Corrientes.

Para graficar la importancia de los yetapá de collar, la administración de Parques Nacionales puso la imagen de la especie en el escudo y en el logo de Iberá. Por su parte, los tordos amarillos incentivaron un gran proyecto nacional de conservación de la naturaleza en el centro de la provincia.

La advertencia fue dada por un guardaparque, para una inmensa red nacional de vigilancia y observación de aves: sus guardianes. Investigadores científicos, asociaciones y clubes de protección animal y hasta la hidroeléctrica Yacyretá han aportado para el rastreo de estas especies.

Era una bandada de alrededor de 60 tordos amarillos, colaborando con las monjitas dominica, que mantienen la guardia mientras ellos remueven insectos que ellas consumen.

Fueron avistados a finales del otoño pasado, por un grupo de guardaparques en Carambola.

“Tenemos una población de tordos amarillos que no sabemos qué fue de esa población. Se incendió toda el área donde estaban apareciendo”, dijo ayer el guardaparque Adrián Kurt.

Ese grupo de tordos amarillos representa el 10% de la población total de la especie en Argentina.

“Es una especie vulnerable, en peligro de extinción y hay toda una campaña a nivel argentina para cuidar a esos animalitos. Tenemos una muy buena población de yetapá de collar que también son especies vulnerables y hoy no sabemos qué fue de muchos de ellos”, indicó el guardaparque a Radio Belgrano.

El último cálculo oficial señala que se han quemado 115.899 hectáreas de pastizales en Corrientes este año, donde estas poblaciones de aves se alimentaban de insectos.

“Probablemente se hayan muerto, otros escaparán o se quedarán sin alimento”, lamentó Kurt.

“Estamos agotados por lo que está pasando; pero más que agotados, estamos tristes”, concluyó el guardián del Iberá.

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