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14 de noviembre: Día Mundial de la Diabetes, la importancia de la detección temprana y la alimentación en el tratamiento

A cien años de la creación de la insulina, la clave está en la difusión de información y el diagnóstico temprano de la enfermedad que ya afecta a 560 millones de personas en el mundo. Recomendaciones de los especialistas.

En un nuevo Día Mundial de la Diabetes (14 de noviembre), los esfuerzos de la comunidad médica se centran en resaltar la importancia de la detección temprana y la alimentación en el tratamiento de esta enfermedad silenciosa que puede derivar en complicaciones graves si no es tratada, y que supone un doble riesgo para los pacientes en el marco de la pandemia de coronavirus.

«La diabetes es una enfermedad del metabolismo. Ocurre cuando el organismo pierde la capacidad de regular los niveles de azúcar en sangre en forma automática debido a la falta del efecto de la insulina», explicó a PERFIL la doctora Marcela de la Plaza, especialista en Diabetología y Nutrición.

Como consecuencia de la ineficiencia de insulina (diabetes de tipo 2) o su carencia (tipo 1), el azúcar de los alimentos no logra ingresar a todas las células para convertirse en energía, por lo que aumenta en sangre y se expulsa por la orina, lo que puede derivar en complicaciones agudas y graves.

A cien años del descubrimiento de la insulina, la difusión de información sobre el diagnóstico temprano y los hábitos saludables asociados al tratamiento cobra relevancia para cambiar una situación en la que miles de personas no acceden a la atención que necesitan, ya sea por falta de conocimiento o recursos.

La clave está en la detección temprana

Con el fin de concientizar, en el Día Mundial de la Diabetes se realizan distintas campañas en pos de destacar la importancia del diagnóstico temprano de la enfermedad, considerando que más de la mitad de quienes padecen la enfermedad lo desconocen.

Apetito aumentado, orina y sed en exceso, cansancio, son algunos de los síntomas que no generan malestar, pero pueden servir de alarma, más allá de que los mismos varían según el tipo de diabetes. «Un diagnóstico temprano mediante el chequeo de los valores de azúcar en sangre al menos una vez por año permite tener una excelente calidad de vida», agregó la especialista.

En ese sentido, es imprescindible que las personas con factores de riesgo (con sobrepeso, obesidad, hipertensión, hijos nacidos con más de cuatro kilos o con antecedentes familiares) se realicen los chequeos médicos anuales para detectar anomalías y comenzar un tratamiento de ser necesario, que puede incluir medicación o suministro de insulina dependiendo del caso, a fin de evitar complicaciones en distintos órganos, como el corazón.

La alimentación, la mejor aliada del tratamiento

Los hábitos saludables se convirtieron en una pieza fundamental en el tratamiento de los pacientes diabéticos, en especial en los tipos de alimentos y las cantidades, considerando que el azúcar en sangre (glucemia) en general es asociado a lo dulce, pero está presente en todas las comidas.

«Lo que sube la glucemia después de comer no es el azúcar solamente sino el almidón en grandes cantidades. Hablamos de puré de papas, fideos, arroz, pan, galletitas y facturas, alimentos muy presentes en las dietas de los argentinos», agregó la doctora De la Plaza. En esa línea, aclaró que se trata de la sustancia con la que las plantas almacenan energía presente, por ejemplo, en las harinas.

«Son iguales o peores que el azúcar porque las porciones habituales de estos alimentos son más grandes habitualmente», añadió.

Por otro lado, la especialista destacó que las dietas son individuales para cada paciente ya que se adecúan al estilo de vida y los recursos, para lo que debe acudir a un licenciado en nutrición. Sin embargo, recomienda evitar bebidas con azúcar, cumplir con las cuatro comidas, incluir verduras de consumo libre en las comidas, como también evitar la prohibición ya que «aumenta el deseo».

A modo de ejemplo de la importancia de las porciones, una barrita de chocolate sube menos el azúcar en sangre que un plato de arroz, al igual que un palito helado común contra ocho galletitas de agua. «El diabético puede comer de todo, solo debe aprender a comer moderadamente», concluyó.

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