26 mayo, 2024

Por qué saltarse el desayuno puede comprometer al sistema inmunológico

Aunque algunos expertos postulan al ayuno intermitente como beneficioso para el organismo, científicos de Mount Sinai aseguraron que podría conducir a un mayor riesgo de enfermedades cardíacas e infecciones

La dieta influye profundamente en la salud de las personas. Y así como la sobrenutrición eleva el riesgo de enfermedades a través de su influencia en la inmunidad y el metabolismo, la restricción calórica y el ayuno parecen no ser tan beneficiosos como se cree.

Según un reciente estudio realizado por investigadores de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, el ayuno puede ser perjudicial para combatir las infecciones y podría conducir a un mayor riesgo de enfermedad cardíaca.

La investigación, cuyos resultados fueron publicados en la edición del 23 de febrero de Immunity, se centró en modelos de ratones y es una de las primeras en mostrar que saltarse las comidas desencadena una respuesta en el cerebro que afecta negativamente a las células inmunitarias. Según los investigadores, sus hallazgos podrían conducir a una mejor comprensión de cómo el ayuno crónico puede afectar el cuerpo a largo plazo.

“Identificamos un cambio inducido por el ayuno en la migración de leucocitos que prolonga la vida útil de los monocitos y altera la susceptibilidad a la enfermedad en ratones -destacaron los autores del trabajo en la publicación de sus conclusiones-. Mostramos que el ayuno durante la fase activa indujo el rápido retorno de los monocitos de la sangre a la médula ósea”.

En el estudio, los investigadores intentaron comprender mejor cómo el ayuno, desde un ayuno relativamente corto de unas pocas horas hasta un ayuno más severo de 24 horas, afecta el sistema inmunológico. Para hacerlo, analizaron dos grupos de ratones: un grupo desayunaba inmediatamente después de despertarse y el otro grupo no lo hacía. Los investigadores recolectaron muestras de sangre en ambos grupos cuando los ratones se despertaban, luego cuatro horas más tarde y ocho horas más tarde.

Al examinar los resultados de laboratorio notaron una clara diferencia en el grupo en ayunas. Específicamente, los investigadores vieron una diferencia en la cantidad de monocitos, que son glóbulos blancos que se producen en la médula ósea y viajan por el cuerpo, donde desempeñan muchas funciones críticas, desde combatir infecciones hasta enfermedades cardíacas y cáncer.

Filip Swirski es el autor principal del estudio, Ph.D., y director del Instituto de Investigación Cardiovascular en Icahn Mount Sinai, y remarcó que “cada vez hay más conciencia de que el ayuno es saludable y, de hecho, existe abundante evidencia de los beneficios del ayuno”. “Nuestro estudio ofrece una advertencia, ya que sugiere que el ayuno también puede tener un costo que conlleva un riesgo para la salud -señaló-. Este es un estudio mecánico que profundiza en parte de la biología fundamental relevante para el ayuno. El estudio muestra que existe una conversación entre los sistemas nervioso e inmunológico”.

El trabajo es uno de los primeros en establecer la conexión entre el cerebro y estas células inmunitarias durante el ayuno. Los investigadores encontraron que regiones específicas del cerebro controlaban la respuesta de los monocitos durante el ayuno, por lo que dedujeron que “el ayuno provoca una respuesta de estrés en el cerebro, eso es lo que hace que las personas tengan hambre, lo que desencadena instantáneamente una migración a gran escala de estos glóbulos blancos de la sangre a la médula ósea, y luego regresa al torrente sanguíneo poco después de que se reintroduce la comida”.

Y si bien Swirski enfatizó que también hay evidencia de los beneficios metabólicos del ayuno, destacó que este nuevo estudio es un avance útil en la comprensión completa de los mecanismos del cuerpo.

“El estudio muestra que, por un lado, el ayuno reduce la cantidad de monocitos circulantes, lo que podría pensarse que es algo bueno, ya que estas células son componentes importantes de la inflamación. Por otro lado, la reintroducción de alimentos crea un aumento repentino de monocitos inundando de nuevo a la sangre, lo que puede ser problemático”, concluyó.